Basándose en los últimos informes del IREC, Fundación Artemisan y el Ministerio de Agricultura, la Interprofesional destaca la caza como un servicio ecosistémico esencial para el equilibrio rural.

La actividad cinegética se consolida en 2026 como uno de los mayores inversores privados en naturaleza. Así, se desprende del seguimiento de los informes de la Fundación Artemisan, realizados sobre la inversión del sector cinegético en la conservación de la Red Natura 2000, donde se detalla que el sector aporta anualmente cerca de 300 millones de euros en mejoras del hábitat.

Desde la Asociación Interprofesional de la Carne de Caza Silvestre se destaca el papel del sector en la conservación del monte mediterráneo y su contribución estratégica a los objetivos de la Agenda de Biodiversidad 2030. Dichas inversiones benefician además de a las especies de caza, a toda la fauna silvestre, incluyendo especies protegidas como el lince ibérico y el águila imperial.

Lejos de una visión puramente recreativa o de ocio, la Estrategia Nacional de Gestión Cinegética, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, y los recientes informes del IREC sobre la interacción entre gestión cinegética y conservación de la biodiversidad en el monte mediterráneo avalan la caza como un servicio esencial para la salud de los bosques.

Por un lado, el control equilibrado de las poblaciones de herbívoros permite la regeneración natural del monte mediterráneo, evitando el sobrepastoreo y garantizando la supervivencia de los brotes jóvenes de encinas y alcornoques. Por otro lado, una densidad poblacional sana de fauna silvestre es la mejor barrera contra la propagación de enfermedades transfronterizas, asegurando la robustez sanitaria de nuestro patrimonio natural.

ASICCAZA subraya que el aprovechamiento de la carne de caza es el ejemplo perfecto de economía circular. “Esta carne contiene una proteína que nace y crece en libertad, sin intervención humana, lo que la convierte en uno de los productos más honestos y sostenibles del mercado actual”, explica José María Gallardo Gil, Presidente de la Interprofesional.

Además, la cadena de valor de la carne de caza, desde el campo hasta la industria de transformación, es un pilar fundamental para mantener vivos los pueblos de la España rural, generando empleo especializado y arraigo.